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“… ¡Óyeme tu, que
llevas arco de plata y proteges a Crisa e imperas en Ténedos
poderosamente! ¡Oh Apolo! Si alguna vez adorné tu gracioso templo o
queme en tu honor pingues muslos de toros o cabras, cúmpleme este voto: ¡paguen
los aqueos mis lágrimas con tus flechas!
De este modo
imploro el sacerdote. Oyólo Apolo e irritado bajo del Olimpo llevando su arco y
su carcaj en los hombros. Sentóse lejos de las naves y comenzó a lanzar sus
saetas contra hombres de Agamenón.”
En este fragmento el sacerdote
Crises le habla a Apolo a quien sirve fielmente para que castigue a los Aqueos
por llevarse a su hija Criseida hasta que estos se la devuelvan y Apolo le
irritado bajo del Olimpo se sentó lejos de las naves y empezó a atacar a los
Aqueos con sus flechas
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“… ¡Oh, hija de
Júpiter! –susurro Aquiles -, ¿Por qué has venido nuevamente? ¿acaso para
presenciar el ultraje que me infiere el atraída Agamenón? Pues sabe que por su
insolencia pronto perderá la vida.
Y respondió Minerva, la de los ojos verdes: -Vengo
del cielo a apaciguar tu cólera, pues me envía Juno, la diosa de los blancos
brazos que os ama a los dos. No desenvaines la espalda, e injúrialo de palabra
cuanto quieras. Lo que voy a decir se cumplirá: por este ultraje se te
ofrecerán un día esplendidos presentes. Domínate y obedécenos. – preciso es ¡oh
diosa! – Respondió Aquiles -, hacer lo que mandas, aunque el corazón este
irritado. Es fuerza obedecer a los dioses.”
Minerva (atenea) baja del Olimpo y
se le presenta a Aquiles que tiene mucha ira porque Agamenón le quito a
Briseida y trata de calmarlo para que pelee a favor de los Aqueos y este acepta
por no desobedecer a los dioses.
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“… ¡Júpiter
gloriosísimo! No se ponga el sol ni llegue la noche sin que yo destruya el
palacio de Príamo, entregándolo en llamas.”
Agamenón le dice a Júpiter (Zeus)
estas palabras mientras está reunido con los
principales caudillos y presenta a este una ofrenda de oro. El espera
acabar con Troya que es su principal rival.
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“… ¡Miserable Paris,
raptor de mujeres! –le grito-. Mira como ríen de ti los aqueos que te creyeron
un bravo campeón por tu gallarda figura, cuando no hay fuerza ni valor en ti.
¿Y siendo así cobarde te has atrevido a robar a la esposa y cuñada de hombres
belicosos, trayendo mil desgracias a tu padre y su pueblo? ¿Por qué no esperas
a Menelao? Si lo hicieras no te valdrían tu citara y tu hermosura cuando
rodaras por el polvo.”
Héctor le dice esto a Paris con
mucha ira ya que la batalla ha sido causada por él y no ha dado la cara, Héctor
le dice que si diera la cara moriría ya que se ha metido con hombres muy
poderosos como lo son Menelao y su hermano Agamenón.
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“… Grande era la
matanza; ante el empuje de los troyanos, los aqueos retrocedieron; Ulises,
irritado, atravesó las primeras filas cubierto de reluciente bronce y se lanzo
al ataque. Al verlo, los aqueos lo imitaron con redoblado furor, haciendo
retroceder al enemigo. Mas Apolo, que desde la muralla contemplaba el combate,
se indigno y con recios gritos apostrofo a os troyanos.”
Apolo estaba dando palabras de
ánimo a los Troyanos que iban venciendo y cada vez los hacía más fuertes
mientras que algunos Aqueos habían sido obligados a retroceder. El valiente rey
Odiseo se va a primera fila a seguir luchando por su patria.
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“… ¡Diomedes, carísimo
a mi corazón! –repuso Minerva-. No temas a Marte ni a ninguno de los
inmortales, pues te voy a ayudar mucho. Anda, hiere de cerca al furibundo dios,
a ese loco nacido para dañar, que a Juno y a mí nos prometió combatir contra
los troyanos a favor de los aqueos y ha traicionado su palabra.”
Minerva (atenea) pide a Diomedes
que hiera a Ares diciéndole que es un traidor y Diomedes la obedece e hiere a
Ares. Minerva (atenea) y Juno (Hera) tratan de ayudar a los Aqueos a como de
lugar.
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“… Ya el sol hería los
campos con sus rayos cuando aqueos y troyanos se mezclaran en la llanura,
derramando copiosas lagrimas mientras recogían los cadáveres.”
La mortandad era ya muy grande al
oponerse el sol Aqueos y Troyanos recogieron sus respectivos cadáveres para
hacer con estos los respectivos funerales que merecían tan valientes hombres.
Los Aqueos empezaron a construir una muralla y una fosa para quemar sus
cadáveres.
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“… terminada la tarea,
aqueos y troyanos sacrificaron bueyes y se entregaron al festín, que duro hasta
el alba. Toda la noche estuvo Júpiter meditando como les causaría males y
tronando horriblemente.”
Los dioses estaban reunidos en el
Olimpo viendo como los Aqueos construían un muro entonces Júpiter les ordeno
derribar el muro y cuando acabaron festejaron todos juntos sacrificando bueyes
a Júpiter (Zeus) que no estaba de muy buen humor y quería causar males a ambos
pueblos.
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“… Te diré lo que
pienso, gloriosísimo atraída, rey de los hombres, Agamenón. De cuanto nos
ocurre tuya es la culpa, desde que, contra mi parecer, hiciste sacar a Briseida
de la tienda de Aquiles, menos preciando a un fortísimo varón, honrado por los
dioses.”
Agamenón propone a los principales
caudillos abandonar la lucha y el anciano Néstor le dice que todo lo que pasa
es su culpa por menospreciar y humillar a Aquiles y le propone ofrecer a este
presentes, la devolución de Briseida y una de sus hijas para que se case.
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“… ¡Héctor!, no haces
bien en jactarte con altaneras palabras, pues antes que tú me vencieron los
dioses entregándome a ti desarmado y herido. De otro modo, si veinte guerreros
como tú me hubieran hecho frente, habrían muerto vencidos por mi lanza. Pero
tampoco tú has de vivir mucho tiempo, pues la muerte se te acerca y sucumbirás
a manos del eximio Aquiles, hijo de Peleo.”
Patroclo fue herido en combate y
Héctor al verlo así se le fue encima con su espada para terminar con él y le
dijo que Aquiles debió haberlo mandado a destruirlos y a matarlo entonces
Patroclo le responde con estas palabras y cae muerto al piso.
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“… Respetable y
venerada es la diosa que llega a mi palacio. Ella fue mi salvadora cuando mi
madre Juno, al nacer yo y ver que era muy feo, me arrojo del Olimpo. Eurinome y
Tetis me recogieron y ocultaron durante nueve años. Dime, pues, lo que deseas,
que mi corazón me impulsa a ejecutarlo.”
Tetis llega al palacio de Vulcano
(Hefestos) y el la recibe con estas palabras, ella le pide que fabrique las
armas para Aquiles y el le dijo que no se preocupara y en seguida se encamino a
hacer las mejores y envidiables armas.
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" … Hoy te salvaremos aun,
impetuoso Aquiles; pero esta cercano el día de tu muerte. Nosotros correremos
tan veloces como el soplo del Céfiro. Pero también tu estas destinado a
sucumbir a manos de un dios y un hombre."
Aquiles
se preparaba para ir en busca de Héctor cuando Janto un corcel al que Juno le
había dado voz le dijo que lo iban a salvar esta vez pero igual él iba a morir
en manos de un dios y un hombre.
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“… ¡Héctor! No me
hables de convenios, como no es posible que los haya entre lobo y corderos. Ya
no puedes escapar. Minerva te hará sucumbir pronto, y pagaras todos juntos los
dolores de mis amigos.”
Se encontraron Héctor y Aquiles
para la pelea y Héctor trato de proponer un pacto para el que muriera pero
Aquiles le respondió con estas palabras sin aceptar el pacto y se dispusieron a
luchar.
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“… Alégrate Patroclo,
aunque estés en el Hades. He traído arrastrando el cadáver de Héctor y lo
entregare a los perros para que lo devoren.”
Aquiles al salir vencedor de la
lucha lleva arrastrado el cuerpo de Héctor hasta el campamento Aqueo y lo lleva
hasta el cuerpo de Patroclo donde pronuncia estas palabras.
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“… No te enojes
conmigo, ¡oh Patroclo!, si en el Hades te enteras de que he entregado el
cadáver de Héctor a su padre, pues me ha traída un rescate digno y de él te
dedicare la debida parte.”
El rey Príamo va en busca de el
cuerpo de su hijo Héctor guiado por el dios Mercurio (Hermes) y lleva a Aquiles
un rescate digno, Aquiles se apiada de él, se lo entrega y dice a Patroclo
estas palabras con mucho dolor.
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“… Luego, en el palacio
de Príamo celebraron un esplendido banquete fúnebre. Y con ello terminaron las
honras tributadas a Héctor, el más valiente de los troyanos.”
Al llevar el rey Príamo el cuerpo
de Héctor al castillo todo lo recibieron con mucha tristeza y después de
recoger leña por nueve días y de traer bueyes y mulas para el festín el decimo
día sacaron el cuerpo de Héctor y lo quemaron y así terminaron el funeral de Héctor
que fue el más valiente troyano.